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Banda ancha: ¿con cuánto alcanza?

29 de Octubre de 2015

10 Mbps, 25 Mbps, 100 Mbps, 1 Gbps, 10 Gbps… ¿cuánto? El mundo se ha vuelto loco con la banda ancha. El escenario de la banda ancha está plagado de expertos en ciencia basura, activistas políticos y sociales, medios de comunicación, legisladores gubernamentales, y casi toda celebridad que no haya aprobado un examen de biología o física de nivel secundario, pero se las ingenia para dar testimonio en el Congreso acerca de algún tema de controversia concerniente a la ciencia, o cualquier personaje que posea su propio talk show. A esta lista sumaría los defensores de la fibra, que piensan que es necesario incorporar miles de millones de dólares de dinero recaudado de impuestos para brindar una experiencia de banda ancha ilimitada a todo niño que juega al Halo, o a cada ermitaño que mira Netflix.

Comencemos por los legisladores que entregan miles de millones de dólares a individuos que colaboran con sus procesos de re-elección o proyectos (también conocidos como ‘barriles con carne de cerdo’) diseñados con vistas a sumar popularidad con el electorado. Excepto por Hillary Clinton (cuya destreza en esconder y borrar correos electrónicos hasta el día de hoy no tiene precedente), muchos de estos legisladores a duras penas utilizan el correo electrónico y la Internet. Es muy triste cuando un país que desea mantener su primacía en alta tecnología se encuentra con un montón de gente mayor a cargo de las decisiones del futuro, pues son decisiones que casi nunca apuntan a los intereses del contribuyente o la clase media. Esas personas, junto con el resto de los desinformados en EE. UU. creen sin más en la basura que les dan: (a) primero, que el mundo necesita fibra de 1 Gbps o más y, (b) segundo, que las compañías de cable y telecomunicaciones tienen dominio sobre la banda ancha y engañan a los contribuyentes.

No digo que los operadores de cable y telecomunicaciones sean inimputables. Si están siendo desleales, con seguridad no es algo que estén haciendo enteramente por su cuenta. La creación de los monopolios de cable y telecomunicaciones es colaboración de los políticos. Quien les escribe es realista, y si algún político me pide algunos dólares a modo de contribución de campaña para que redacten leyes que supriman a mi competencia, soy todo oídos. Así podré imaginarme qué se siente ser CenturyLink, Verizon, y AT&T por medio minuto. Pero también le señalaré dónde está la puerta de salida y le pediré que por favor no deje manchas de lodo al retirarse.

A modo de ejemplo, en Arizona, entre otros estados, el lobby de una concesionaria de autos muy poderosa presionó a los legisladores para que desestimaran la intención de Tesla (automotora) de vender sus vehículos en forma directa al consumidor. Así, entonces, Tesla tiene que vender a través de concesionarias. Por este motivo, no pienso adquirir otro vehículo en una concesionaria de Arizona hasta que cambie la ley (y si eso ocurriera, probablemente compraría un modelo Tesla).

Antes de que empiece a despotricar contra la corrupción y la estupidez del gobierno, echemos un vistazo a los datos de uso de banda ancha. La gran mayoría de usuarios simplemente navega la red, usa el correo electrónico y ven videos en línea. En mis redes, Netflix u otro servicio de transmisión de video probablemente ocupe de un 60 % a un 70% del tráfico en la tarde. Netflix utiliza cerca de 4 a 6 Mbps para video HD, una cifra que es menos del 1 % de lo que una fibra de 1 Gbps puede distribuir. Repitamos esto último para que entre en la mente de todos los fanáticos de la fibra: uno por ciento, uno por ciento, uno por ciento, uno por ciento. Si tan solo necesitamos del 1 % de la banda ancha de fibra que los defensores quieren que tengamos, ¿por qué pagamos por el 99 % restante? Ahora puedo repetir el siguiente mantra: la fibra doméstica subsidiada por los contribuyentes es un derroche enorme de dinero hoy en día.

Está bien, existen hogares donde dos o más personas desean ver Netflix, hacer la tarea y, ¡guau!, ver 4K de video en los próximos tres años. Calculemos lo que ello implica en el peor de los casos. La cantidad de 4K de video de Netflix, dos flujos de video, buscar el video del perro o gato más tierno del día en YouTube, pedir un par de guantes nuevo para el invierno, y ponerse al día con amigos en Facebook… aun así, el total es menos de 50 Mbps, y eso que estoy siendo generoso. (No estoy contando la descarga de torrents porque un tal T-Tommy Wheeler aparentemente quiere poner todo el material con copyright ilegítimo al alcance de todos en los EE. UU. a la mayor velocidad posible). Tomemos de vuelta la calculadora y ¡voilà! 50 Mbps constituye un 5 % de la fibra de 1 Gbps, o de cualquier servicio que ofrezca 1 Gbps. De nuevo, si en cinco años solo necesitamos el 5 % de lo que la fibra de banda ancha tiene para ofrecer, ¿por qué pagamos 20 veces ese valor hoy?

El argumento que podremos escuchar es que lleva muchos años sentar las bases para algo así, y luego existen muchos problemas jurídicos y de propiedad que hay que abordar, y no nos olvidemos del diseño y la ingeniería, etc. Espérenme un segundo que traigo la guitarra para esta serenata. Si podemos instalar 50 Mbps inalámbricos en la actualidad en cuestión de días, no años, entre el dos y diez por ciento de ese costo, ¿por qué siquiera es tema de discusión? Y he aquí el porqué: la gente que trabaja en las empresas de fibra sabe que el gobierno se caracteriza por sus grandes bolsillos, poca capacidad de control, y por haber malgastado al menos un billón de dólares en los últimos 12 años. Esta gente no quiere saber que alguien puede hacer ese trabajo en una semana o menos, y encima satisfacer las necesidades de todos los usuarios a un costo 40 veces menor. Si obramos de esa manera, no tienen oportunidad de ser competencia.

También es popular el argumento acerca de la seguridad. Los EE. UU. no están para nada preparados, y esto es una gran vergüenza, para asuntos de seguridad cibernética. China, cuyo nombre bien podría ser Cleptochina, tiene el hábito de robar todo aquello que no esté guardado, desde información del gobierno hasta tecnología (ahora tienen su propio Facebook para empleados gubernamentales estadounidenses gracias al hackeo de la Oficina de Manejo de Personal). Las mafias de Rusia, Corea del Norte, Irán, y el Bloque del Este roban información crediticia y financiera tan fácilmente que uno creería que tienen Visa o MasterCard tienen una sucursal allí. Y ya sea a causa de una pobre gestión, o la no capacitación o bajo presupuesto del Departamento de TI, o simplemente incompetencia absoluta de parte de marcas como Sony, Target, Home Depot, o el Gobierno de los EE. UU, entre otros, lo cierto es que es casi como colocarles un cartel de bienvenida en la puerta de un cajero automático. Si esas entidades no son capaces de proteger sus sistemas, ¿qué posibilidades tienen los millones de individuos que piensan que el reproductor de DVD sirve como posavasos de evitar que sus computadoras se utilicen para un ataque de denegación de servicio coordinado? ¿Realmente queremos que estas computadoras, sin protección alguna y con Windows 98, tengan acceso de subida de datos? ¿Cuántas de esas computadoras sin protección con conexiones de 1 Gbps se necesitan para atentar contra CitiBank o Facebook? Ah, pero me desvié en el área de—guau, ¿por qué no habremos pensado en las consecuencias antes de saltar a la categoría del precipicio?

Volviendo al mundo de la realidad y los autos (mi tema de conversación preferido, luego de las motocicletas), así como los autos diseñados para andar con combustible normal no tienen mejor desempeño con combustible premium (incluso, a veces funcionan peor, por una cuestión de compresión), los usuarios que promedian un uso menor a 10 Mbps, incluso en los picos de uso, no van a tener una mejor experiencia con un servicio de 1 Gbps. Sin embargo, sí van a pagar más. La pregunta, entonces, radica en con cuánto ancho de banda basta.


En mi experiencia, el 99 % de los usuarios no percibe la diferencia entre 10 Mbps y 100 Mbps: si así fuera, tendría que reembolsar a muchos de nuestros clientes, de quienes asumimos nunca iban a darse cuenta. No tengo registro de reembolso alguno por este motivo, y estimo hicimos que ahorraran entre USD 200 y USD 600 anuales. Debo admitir que 10 Mbps no será suficiente para los próximos cinco años, además de que algunos usuarios necesitan un poco más en la actualidad (lo siento por todos aquellos que comparten archivos, pero no va a suceder en nuestra red). También reconozco que necesitamos llegar a 50 Mbps para el 99 % de los usuarios llegando al cierre de esos cinco años, pero eso sería todo.

Así que ¿por qué, por qué, por qué estamos gastando de más en construir algo que nadie quiere, a excepción de algunos fanáticos y consultores? El público no tiene interés. Caso contrario, empresas como Cox o Xfinity ya lo hubieran construido. Saben que es un desperdicio de dinero por donde se lo mire, ya que no verán 1 Mbps más de uso en la red en el punto de salida, pero si no lo hacen, algún burócrata del gobierno sin habilidad para cuidar los gastos de su propio departamento pensará que es atribución suya obligar a los demás a malgastar ese dinero.

Resumiendo, la industria y el gobierno piensan que el público pide capacidad que no necesitan y no utilizan, pero por la cual deberían pagar, a través de un proceso evidentemente corrupto y poco eficaz. Tan solo lean el estudio de Texas,  que muestra que la mayoría de los fondos para banda ancha de ARRA se dirigieron a estados democráticos y electores políticos democráticos a través de sus representantes democráticos. El que está al poder controla los hilos de la chequera. Los republicanos han sido esclavos de las compañías de telecomunicaciones y telefonía móvil por mucho tiempo, por lo que nadie puede lanzar la primera piedra. Por ese motivo, entre otros, amigos míos, es que no es buena idea tener al gobierno entrometiéndose en la industria privada.

Llevando este concepto un paso más adelante, las economías de los EE. UU. y la mayoría del resto de los países no están en su mejor momento. Los ingresos reales en los EE. UU. han sufrido una caída de casi el 10 % en los últimos años. La cifra oficial de desempleo en los EE. UU., del 5 % al 6 %, es mucho menor a la tasa real de desempleo. La realidad es que 94 millones de estadounidenses no tienen trabajo, por un motivo o por otro, y un gran porcentaje de esas personas no figura en los datos del desempleo. Sin importar el motivo, muchos o la mayoría de ellos, tienen algún tipo de ingreso fijo, lo que significa que casi un 30 % de la población, sin incluir a los inmigrantes indocumentados que podrían sumar 11 millones más, realmente no van a poder darse el lujo de pagar una Internet más cara que no necesiten (sobre todo si son sus hijos los que la adquieren con su propio crédito).

Todo esto me recuerda una charla que tuve con mi esposa, cuando mencioné que necesitaba una motocicleta porque el precio del combustible estaba yéndose por las nubes. Recuerdo haberle dicho que así podía usar una ruta más rápida, que una motocicleta significaba menor uso de combustible, y que a USD 0,25 el litro, íbamos a poder ahorrar. No mencioné que tiene una velocidad de 96 km/h en primera, y llega hasta 280 km/h, pero, bueno, esos datos no fundamentaban la premisa de un menor uso de combustible y un ahorro de dinero significativo, por lo que no los traje a colación. Afortunadamente, compré la motocicleta antes de que el precio del combustible cayera a niveles por debajo del precio de la leche subsidiada, u hoy me encontraría manejando un ciclomotor con un pequeñísimo portaequipajes. Lo cierto es que el gobierno tiene que dejar de aturdir y juntar dólares en pala gracias a impuestos para dárselos luego a compañías que no poseen ni medio interés en hacerle ahorrar ni un centavo a la persona promedio, pero sí están muy interesadas en aplastar a pequeñas empresas más eficientes e innovadoras. Lo penoso es que casi nadie en los EE. UU. ni siquiera está al tanto de para qué posición se inclina el presidente, mucho menos quién es la mitad del tiempo, y tampoco nadie tiene el suficiente seso o motivación para salir de su propia burbuja de ignorancia. El resultado es un rebaño de ovejas al que esquilan con cada factura de datos o telecomunicaciones.

Es hora de volver un poco a la cordura en todo esto. A todos nos habrán dicho el argumento ‘80/20’: Podemos obtener 80 % de lo que necesitamos (nótese que no dije ‘de lo que queremos’ pues, después de todo, quizás se me antoje una Ferrari, pero en verdad me basta con una minivan) al 20 % del costo. ¿Vale la pena pagar cuatro veces más por el 20 % de lo que queremos? A veces sí, Pero si el argumento fuera 90/10, 95/5, o incluso 95/3, ¿podría alguien en su sano juicio pensar en pagar 20 o 30 veces más por el 100 % de lo que necesitan y que no usarán por cinco o seis años? Por supuesto que no, y he aquí la naturaleza absurda de la banda ancha subsidiada, o de obligar a las compañías a que construyan infraestructura que no necesitarán por muchos años.

Si Cox, Xfinity, y otras empresas, en teoría, en la actualidad pueden distribuir 300 Mbps con cable, ¿por qué necesitan utilizar fibra? La verdad es que no lo necesitan, pero existe presión para que sí. A un valor que varía entre USD 3,000 y USD 10,000 por hogar, es un absurdo total. Si yo fuera una empresa de cable hoy, le diría la Comisión Federal de Comunicaciones que se fueran a ya saben dónde. Después de todo, las compañías de cable no son receptoras de subsidios. En Arizona, Cox y Comcast escribieron una carta en conjunto al gobierno donde le pedían que dejara de darle dinero a CenturyLink: es simplemente injusto.

Luego de golpearme la cabeza, me di cuenta que todo es una cuestión de dinero, poder, y aplastar a la competencia. En cada oportunidad, quienes están detrás de estas ideas salen con las manos en alto, desde expertos en fibra, compañías de telefonía móvil, gigantes de Internet, políticos y usuarios finales que buscan descargar toda la colección de Sony de forma ilegal en 32 segundos. Todas estas personas tienen intereses ocultos. Ninguno se preocupa en cuidar al resto, es decir, a quienes necesitan un servicio más rentable. Creo que brindar lo que necesitan al 98 % de esos usuarios es más importante, además de ser una oportunidad de mercado enorme.

Mi agenda es la siguiente: Tengo fe de que hoy podemos distribuir masivamente un servicio inalámbrico de 30 Mbps en los mercados urbanos a un costo menor a USD 250 por una única carga. ¿Cómo sé que puede hacerse hoy en día? Porque ya lo estamos haciendo: tengo usuarios que me envían pruebas de velocidad de 50+ Mbps. Estamos haciendo esto con equipo Ubiquiti 802.11n de última generación que tiene más de tres años de antigüedad.

En una semana estaremos yendo a zonas nuevas con 50 Mbps, utilizando equipo Ubiquiti 802.11ac. AL FIN consiguieron certificación DFS (mientras tanto, tres de mis AP empezaron a recibir tarjetas de la AARP, una organización estadounidense independiente y sin fines de lucro que vela por las necesidades de los mayores de 50 años). En los próximos dos meses, empezaremos a cambiar algunas de las zonas con 802.11n a otro producto de la generación siguiente, a fin de aumentar la velocidad. El plan es que las compañías de cable trabajen y que las de DSL tiren la toalla. Publicaré las cifras finales de todo esto en un par de meses, una vez que tengamos todo en su lugar, pero seguramente constituirá un nuevo estándar para instalaciones punto-a-multipunto inalámbricas.

La única herramienta que va quedando de cable de par trenzado es VDSL2, pero nadie quiere actualizar el cobre que tienen para que eso suceda, y mientras tanto los cables siguen sumando antigüedad (alcance de 0,5 km para velocidad máxima). Por cierto, así y todo no será lo suficientemente veloz para competir con nuestro diseño inalámbrico de próxima generación (se nota que estoy muy entusiasmado al respecto, ¿verdad?), además de que será muy caro. Existen algunos bolsillos en zonas de mayores ingresos que apoyan los servicios de triple oferta.

A continuación, una historia verídica, a falta de una gran imaginación de mi parte: Vivo en un área de clase media alta en Phoenix. Hace dos semanas, un representante de CenturyLink tocó la puerta. Me dijo que ellos se encargan de actualizar la red de fibra de la zona y que había sido elegido para el nuevo servicio DSL de alta velocidad: 12 Mbps. No sabía si reír o llorar, pero estamos hablando de la misma compañía a quienes los necios de varias agencias federales entregaron miles de millones de dólares. Qué buen trabajo hiciste, querido empleado público, en usar mis impuestos de forma eficiente: CenturyLink llegó a esta altura del partido y disuadieron a las pequeñas empresas de siquiera competir.

Solo para divertirme, en dos semanas lanzaré un servicio en un área donde CenturyLink recibió varios cientos de miles de dólares para actualizar la velocidad a 25 Mbps. Nuestro plan es ofrecer un precio mucho menor y ofrecer mucha más banda ancha mucho antes de su construcción. Muero por ver el rostro del vendedor que golpee la puerta y diga: “Debido a que el gobierno nos dio muchísimo dinero para mejorar el servicio de Internet deplorable que hemos estado brindándole a lo largo de los últimos años, ahora podemos ofrecerle nuestro servicio de 25 Mbps, dictado por el gobierno, por un precio 20 % mayor a lo que estábamos cobrándole hasta ahora”.

La frase “no lo tuvimos en cuenta hace un año porque el servicio que ofrece la competencia es más rápido, más económico, y su director general es mucho más guapo [esa idea fue de mi esposa]” habrá de ser una pesadilla para estos vendedores. Oye, T-Tommy Wheeler, quizás sería conveniente que inyectes más dinero a CenturyLink, porque los primeros USD 500 millones no alcanzarán siquiera para traerlos a la década actual.

Los ISP inalámbricos son muy hábiles para llegar a zonas urbanas en cuestión de días (no años) con la banda ancha suficiente para ser competencia. Me gustaría ver salir a ese genio de la lámpara: miles de WISP yendo en busca de proveedores por cable, ágiles, imperceptibles, y al mismo tiempo, burlándose de la extorsión y la mentira que el gobierno hace al querer hacer pasar por transparente una decisión tomada con el dedo. El equipo Ubiquiti 802.11ac puede distribuir sin dificultades banda ancha a proveedores locales en toda una ciudad o los límites de una. Para que una instalación genere ganancias en un ambiente así, no hacen falta más de 10 clientes, a partir de los cuales uno puede expandirse rápidamente e ir por peces más gordos. No tengamos miedo de los servicios de fibra que ofrecen 150 Mbps, 300 Mbps, o incluso 1 Gbps. No son muchas las zonas donde será posible tenerla, e incluso en las áreas que sí, será algo tan caso que al menos el 30 % de la población no podrá pagarlo. Den al cliente de 10 a 50 Mbps a un precio razonable y la zona será vuestra. Tengan en cuenta que existen amenazas mayores, de las que hablaremos apenas sea posible. ¿Qué esperan? Vayan y háganlo.


Fuente: http://www.muniwireless.com/




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